domingo, 3 de junio de 2012

Nos crecen los enanos





Velázquez: El bufón Calabacillas


La expresión completa es: "Monto un circo y me crecen los enanos". Se suele usar de forma abreviada, me crecen o le crecen los enanos. Viene a significar algo relacionado con la mala suerte. Uno monta un circo, incluye un espectáculo de enanos y los enanos, que no crecen, le empiezan a crecer. Es el colmo de la mala suerte porque el dueño del circo se arruina.
Hace años le oí contar a Elías Díaz, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, ahora emérito, una anécdota que me puso los pelos de punta. El gobernador civil de una ciudad española se había dirigido a él todo angustiado porque tenía un grave problema y el hombre no sabía cómo arreglarlo. Se había puesto de moda en las discotecas el lanzamiento de enanos. Apostaban a ver quien los tiraba más lejos. El atribulado gobernador le dijo que no tendría ningún problema en prohibirlo si hubiera sido contra la voluntad de los enanos, si hubieran sido forzados. Pero el problema es que estaban de acuerdo porque no tenían acceso a muchos trabajos y tenían la oportunidad de ganarse un dinero. Quería prohibirlo, pero el asunto no estaba contemplado por la ley y no sabía en qué basarse. Para el catedrático no era difícil la solución, se trataba un algo que concernía a la dignidad humana, por esa razón había que prohibirlo.
Creía yo que ésta era una anécdota de la España profunda (¿hay alguna que no lo sea?), cuando ayer mismo me contaron que es relativamente usual, en las golfas y aberrantes despedidas de solteros, encadenar un enano al novio todo el día y noche de la despedida y llevarse la llave para dejarlos todo el tiempo en una situación grotesca que suscite una maravillosa y refinada diversión.
Este es el país del que a veces me gustaría emigrar.
Escribía Umbral acerca de Velázquez: "los nobles necesitan cerca a los bufones enanos y meninas, por mejor contrastar su propia altivez, perfección (relativa) y resplandores. Pero Velázquez pinta un enano con la misma solemnidad, majestad e intención que si pintase una infanta o un príncipe".
 Si Velázquez levantara la cabeza, no creo que pudiera pintar infanta alguna con la misma dignidad de mi querido bufón calabacillas.
A partir de ahora descartemos y cambiemos esta frase por la de "Nos crecen los sinvergüenzas", incluyendo banqueros, políticos, realezas y toda clase de cantimpalos que han arruinado el país y los que hacen mofa de la discapacidad del prójimo. Dejemos en paz a los enanos.




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