viernes, 30 de diciembre de 2011

Perdidos en el bosque



Piet Mondrian: El árbol gris


Me van los bosques y los árboles. Y para árboles los de Mondrian que los pintaba de maravilla. Me encantan los árboles de Mondrian, me gusta Mondrian hasta que dejó de pintar árboles, lo que hizo después ya no me gusta.
Los árboles y los bosques sirven para perderse en ellos y hacer una metáfora de la vida. Decía Descartes, en plan ejemplo, que si alguna vez anduviéramos perdidos en un bosque, no deberíamos quedarnos parados ni empezar a caminar dando vueltas y tumbos de cualquier manera. Para salir del bosque no deberíamos andarnos en largas meditaciones ya que podríamos quedar extraviados para siempre. Sería mejor caminar en la dirección que en ese momento juzgáramos más adecuada, hacerlo con firmeza porque, sea más corto o más largo el camino, alguna vez nos llevaría fuera del bosque y de estar extraviados pasaríamos a una situación mejor. 
Muchas veces estamos en dicha situación y vagamos errantes, sin rumbo, sin encontrar la salida... Sería mejor actuar con firmeza y determinación y buscar la salida o, al menos, una salida.



Duke Ellington: Perdido

martes, 20 de diciembre de 2011

El derecho de soñar

Antonio López: Antonio y Mari


"La noche negra ya no es claramente negra. En mí, la soledad se agita. La noche te niega su soledad evidente y su presencia. Ya no es perfecta la homografía de la soledad humana y del cosmos nocturno. Vuelves a ser presa de una pena antigua, vuelves a la conciencia de tu soledad humana, de una soledad que quiere marcar con una huella imborrable a un ser que sabe cambiar. Creías soñar y te acuerdas. Estás solo. Estuviste solo. Estarás solo. Tu duración es la soledad. Tu soledad es tu muerte misma que dura en tu vida y bajo tu vida".


"Qué importan entonces las brisas que soplan en este profundo otoño. Qué importan los mil mensajes de una naturaleza en fiesta, el bello ejemplo de los frutos pesados, de las flores tardías. Para mí esta noche está vacía y muda. He perdido la patria de la dicha. Ya no soy sino una soledad para curar".

Gaston Bachelard: El derecho a soñar. Diario del hombre. 


Stéphane Grappelli-Django Reinhardt: I surrender dear 

jueves, 15 de diciembre de 2011

Nostalgia de Moustaki

George Moustaki


¿Quién no se ha enamorado alguna vez de George Moustaki? El hombre alto, de barba y ropas blancas, atractivo, comprometido, de canciones entrañables... He visto un programa de la tv3 llamado El convidat, que estaba dedicado a la cantante Marina Rossell, que fue mucho de Moustaki (qué envidia!). El convidat y la Rossell lo visitan en París, aparece el actual Moustaki confinado en su casa. Me emociona mucho y tengo la necesidad de recordar y hablar del cantante. Veo que he pasado mil veces por su puerta sin saber que vivía en esa calle tantas veces paseada, tan silenciosa y tranquila en el corazón de París.
Ahora no puedo evitar la emoción, tengo nostalgia de Moustaki, de París... La próxima vez que vaya compraré de nuevo un helado de chocolate junto a su casa y me lo tomaré tranquilamente mientras me acerco a la librería de viajes y levanto la vista hacia el lugar donde se halla confinado le métèque. Después seguiré paseando avec ma solitude.

Le métèque

Avec ma gueule de métèque,
De juif errant, de pâtre grec
Et mes cheveux aux quatre vents,
Avec mes yeux tout délavés
Qui me donnent l’air de rêver,
Moi qui ne rêve plus souvent,
Avec mes mains de maraudeur,
De musicien et de rôdeur
Qui ont pillé tant de jardins,
Avec ma bouche qui a bu,
Qui a embrassé et mordu
Sans jamais assouvir sa faim

Avec ma gueule de métèque,
De juif errant, de pâtre grec,
De voleur et de vagabond,
Avec ma peau qui s’est frottée
Au soleil de tous les étés
Et tout ce qui portait jupon,
Avec mon coeur qui a su faire
Souffrir autant qu’il a souffert,
Sans pour cela faire d’histoire,
Avec mon âme qui n’a plus
La moindre chance de salut
Pour éviter le purgatoire

Avec ma gueule de métèque,
De juif errant, de pâtre grec
Et mes cheveux aux quatre vents,
Je viendrai ma douce captive,
Mon âme soeur, ma source vive,
Je viendrai boire tes vingt ans
Et je serai prince de sang,
Rêveur, ou bien adolescent
Comme il te plaira de choisir
Et nous ferons de chaque jour,
Toute une éternité d’amour
Que nous vivrons à en mourir.
Et nous ferons de chaque jour,
Toute une éternité d’amour
Que nous vivrons à en mourir.


Programa de la tv3  (A partir del minuto 25, París y la casa de Moustaki).


George Moustaki: Le métèque




lunes, 12 de diciembre de 2011

Trescientas respiraciones



Para encontrar la armonía del espíritu y para dar a la fuerza vital  todo su poder, hay que encerrarse en la habitación, preparar tranquilamente el espacio, calentar el lugar reservado para la meditación, instalar un cojín de diez centímetros de alto, estirar el cuerpo como conviene, cerrar los ojos, agrupar la fuerza y el corazón en el centro, colocar un cabello fino en la nariz, cuidando que no se mueva bajo el efecto de la respiración. Después de trescientas respiraciones, se llega a un estado en el que ni los ojos ni los oídos perciben ya nada. Ni el frío ni el calor penetran así en el cuerpo, ni tampoco se es víctima de las abejas ni de los escorpiones.

Hosó

viernes, 9 de diciembre de 2011

Barrer los pensamientos






Cada vez que se alce un pensamiento, arrójalo lejos. Dedícate a barrer los pensamientos. Barrer los pensamientos significa meditar. Cuando se deja de lado el pensamiento, aparece "el rostro original". Los pensamientos son como nubes: cuando aclara, aparece la luna. Esa luna de eterna verdad es "el rostro original".

Daito Kokushi 

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Ladrón



Ryokan, un maestro de zen, llevaba una vida extremadamente simple en una pequeña cabaña al pie de una montaña. Una tarde, llegó hasta la cabaña un ladrón que descubrió que no había nada que robar.
Ryokan regresó a la cabaña y lo atrapó. Entonces le dijo:
-- Has hecho un largo camino para visitarme, y no deberías irte con las manos vacías. Por favor, toma mis ropas como regalo.
El ladrón estaba asombrado. Tomó las ropas y huyó corriendo. Ryokan se sentó desnudo a mirar la luna. "Pobre compañero, musitó, ojalá pudiera darle esta luna maravillosa."


Paul Reps, Carne zen, huesos zen.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Una bella historia

Ruskin Bond


Un ciego viaja solo en un tren. En una estación sube una joven que supone hermosa por su voz. No quiere que la joven sepa que es ciego y se oculta tras unas grandes gafas. Tienen una conversación animada. El ciego, a medida que transcurre la conversación, va enamorándose de la chica y se la va imaginando bella. Intuye que a ella le pasa lo mismo y alcanzan una entrañable relación. Él le va describiendo el paisaje que se imagina. Ella lo escucha con mucha atención. De pronto se da cuenta de que debe bajar en la próxima estación. Se despiden y se besan. Él se queda muy triste y lamenta su falta de coraje por no haberle dicho la verdad.
Sube un nuevo pasajero y entra al compartimento del ciego. Después de saludarlo, le dice:
--Lo lamento, ha salido usted perdiendo con el cambio, la muchacha que acaba de bajar era maravillosa, aunque es una lástima...
-- ¿Por qué dice que es una lástima?
-- ¿Es que no se dio cuenta usted? La joven era ciega.


La historia es de Ruskin Bond, un escritor que vive cerca de los Himalayas, en una humilde casa. 


Shostakovich: Tea for two 

martes, 29 de noviembre de 2011

jueves, 24 de noviembre de 2011

Sola y su alma

Thomas Bailey Aldrich


Una mujer está sentada sola en su casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta.

Thomas Bayley Aldrich: Works (1912)

Tomado de la Antología de la literatura fantástica de Borges, Bioy y Silvina.


Eric Satie - Gymnopédie nº1 


viernes, 18 de noviembre de 2011

Terapia

Van Gogh: Jardín en Otoño

Ya sé, ya sé, no tengo remedio. Esta vez fue por culpa de Quique (Sánchez Flores, nada más y nada menos) que vime postrada de nuevo. 
Estaba preparando mi maletita porque al día siguiente salía de viaje (pero de verdad, no de mentirijillas como el de Francesco). Mucho tenía que olvidar porque mi fores, queridos, se había liado con otra fores. Fui un día al bello bosque sin avisar y allá estaba dándole que te pego, retozando en el bajo bosque. Cuando me vio, me dijo:
-- No es lo que parece, mio amore.
Pero yo me fui corriendo entre sollozos. Y luego pensé que aún me habría humillado más si se lo hubiera montado con una oveja, como en la película de Allen, que uno se lo monta con una oveja y otro también y los dos rivalizan por Dasy, la linda ovejita (cuánto sabe de estos menesteres el Allen, más que de París la nuit).
Bueno, a lo que iba. Pues con la maleta ya casi a punto me llamaron para ir a tomar algo. A mí es que me llaman y no sé decir que no. Fuimos a un lugar lleno de multitud. Estaba tomando mi dulce bebida con una pajita cuando me di cuenta que la única mesa vacía se había ocupado. Era Quique con una flacucha y estaba guapísimo como siempre, es que no lo puede remediar aunque se dedique a esos menesteres del fútbol. Totalmente embelesada y atragantada me quedé mirándolo como si fuera producto del mismísimo Buonarroti. Terminamos y salimos al mismo tiempo. Como lo miraba tan fijamente como si fuera la medusa, fui a darme un traspiés de armas tomar que me volvió a herir la espalda. Me quedé accidentada y sin viaje, con esa maleta ya preparada, a punto de cerrar, abierta, que la miras y te lamentas de tu mala suerte:
-- Vaya suerte la mía: sin Quique y sin viaje.
Comprendí que necesitaba una terapia porque, del mismo modo que la combinación de vientos forma las tormentas, la combinación de traspiés y emociones forma la espalda y la nuca de cada cual.
Enseguida descarté el psicoanálisis a pesar del mucho cariño que le tengo a Freud. Pero pensé que, como terapia, me quedaban por lo menos diez años (tirando muy por lo bajo) de llanto y más llanto para llegar al final que ya me lo sé: la confesión del parricidio y el incesto. O sea, añadir más leña al fuego y quedarme con la espalda del jorobado de Notre Dame.
Me recomendaron una rápida y efectiva. Pensé que era lo que necesitaba en ese momento. Me pareció muy facilita, consiste en una especie de digitopuntura, es decir, utilizar los puntos corporales de la acupuntura, pero te lo haces con el dedo en un santiamén. Te lo puedes hacer incluso por la calle. 
La cosa me entusiasmó de entrada, porque empecé a experimentar franca mejoría. Además eso de encontrar un punto cerca del tobillo y notar sus beneficios en la espalda, francamente me encandiló. El gran problema fue el resto de la terapia: había que estar 21 días sin quejarte, eso lo decía claramente el autor, porque haciéndolo, se notarían sus grandes ventajas. Como me gusta ser creativa, me dije: pues le voy a ñadir algo de mi cosecha, voy a añadir al ciclo de 21 días sin quejas,  el de no hablar mal de nadie, ni de los amigos, ni de los enemigos.
¡Qué difícil es! Hasta ahora lo más que he conseguido llegar al 5º día, pero siempre tengo que volver a empezar. Qué difícil es no hablar mal de los enemigos, pero mucho más de los amigos. Estoy como Sísifo, siempre empezando y nunca acabando. Lo de los dedos se me da de maravilla, estoy hecha una experta, pero con el resto no puedo, se me está atragantando esta terapia. Ya puestos y a malas, casi prefiero el psicoanálisis por lo menos podré decir eso de: siempre me quedará Freud.

Dinah Washington: September in the rain 

sábado, 12 de noviembre de 2011

Subida al Mont Ventoux by Petrarca

Francesco


Mont Ventoux











Tanto tiempo confiando en la veracidad de la historia de Petrarca y creyéndome a pies juntillas que había subido al Monte Ventoso y que incluso era considerado como patrón de los alpinistas, pues va y no, que dicen los eruditos y los curiosos que no, que sólo se trata de una alegoría de la vida, que hay que considerarlo como un ascenso espiritual y que, en realidad, no se sabe si Francesco  subió o no a tal montaña. El caso es que me lo temía, ya me preguntaba yo cómo podría subir con esos extraños ropajes y tocados que se gastaba. Parece de todo menos alpinista. Y además que hasta los héroes ciclistas del Tour lo suben chutados y en aquella época sin dopaje, sin piolet y llevando como único bagaje Las Confesiones de S. Agustín, lo presumo imposible, por mucha energía espiritual que el de Hipona imprima, no creo yo que le pudiera dar tanta presteza al cuerpo.
¿De modo que puede que se trate de un viaje de mentirijillas? Pues anda ni nada, que no me he hecho yo la tira de ésos. Como  me ponga un día de verdad voy a contar la vuelta al mundo en ochenta días o la vuelta al día en ochenta mundos. 
Este Petrarca seguro que lo contó para fardar con Laura...  Y con otras, con bastantes, que parece que no se cortaba un pelo. Hasta hijos tuvo el de las órdenes menores. ¿Para qué se escribe y se cuentan gestas y hazañas si no es para fardar y para ligar? 
También hay quien viaja sólo para contarlo a los amigos, como Dominguín y su rollo con Ava Gardner. Se va uno de viaje a cualquier sitio y si no lo cuenta a nadie parece que no haya ido. Es como mi peluquera, que estuvo en el verano en New York y me lo ha contado ya varias veces, y al resto de la clientela.
Y lo de subir a las montañas, cuando veo en la tv las escaladas de la Edurne, que son muy buenas desde luego, esta cabecita mía no comprende para qué diantres tiene que subir a todos los ochomiles de la tierra. Igual es por el rollo de la tele y de los récords. Porque a mí también me van las montañas para meditar, pero las bajitas o las altas vistas desde abajo. Estás meditando, levantas la cabeza y  ves toda esa mole y se te viene enseguida la exclamación:
-- Madre mía!
Pero, en esto de los viajes, ya no es como antes en que uno decía: 
-Me voy a Roma (mayormente a ver al Papa).
Y va y se iba con lo puesto y andando. LLegaba hechos unos zorros, pero no era menester contárselo a nadie. Sin embargo ahora te dicen:
--¿Qué haces en el puente?
--Pues no sé. ¿Y tú?
-- Me voy a Bali. Es que hay unos hotelazos y unas playas de ensueño.
Otros se lo montan de otra forma y se van a Birmania en moto con sidecar. O cruzan Siberia en moto sin el sidecar, o el Atlántico a remo. Y escriben sus libros para contarlo.
De modo, querido Francesco, que te entiendo. Yo también me lo pienso montar con esto de los viajes y las montañas.


The Beatles: The fool on the hill 

domingo, 6 de noviembre de 2011

Compañeros de viaje






Cuando Petrarca ascendió (?) al Mont Ventoux, fue muy selectivo con sus compañeros de viaje:

... "Pero cuando me puse a pensar en un compañero de viaje, aunque parezca asombroso que lo diga ni uno de mi amigos me pareció apropiado en todo aspecto. Y es que incluso entre personas queridas es muy raro que haya una perfecta concordancia de voluntad y de carácter.
Éste era demasiado perezoso, aquel demasiado impetuoso, éste demasiado lento, aquel demasiado precipitado; uno era demasiado pesimista, otro demasiado optimista; uno demasiado alocado y otro demasiado reflexivo para lo que yo quería. Uno me asustaba por su silencio y otro por su locuacidad; éste por su peso y corpulencia, aquel por su flacura y debilidad. De éste me desanimaba la fría indiferencia, y de aquel la ardiente actividad. Estos inconvenientes, por pesados que resulten, se soportan en casa, pues el afecto lo aguanta todo y la amistad acepta todas las cargas; pero, si estás de viaje, resultan demasiado pesadas."

Petrarca: Carta a Dionigi da Borgo Sansepolcro.

Al final de una selección tan meticulosa, eligió como compañero de viaje a su hermano. Todo quedó en casa.

Diana Krall: Fly me to the moon 


martes, 1 de noviembre de 2011

De aquí para allá









Viajan los hombres por admirar las alturas de los montes, y las ingentes olas del mar, y las anchurosas corrientes de los ríos, y la inmensidad del océano, y el giro de los astros, y se olvidan de sí mismos, ni se admiran de que todas estas cosas, que al nombrarlas no las veo con los ojos, no podía nombrarlas si interiormente no viese en mi memoria los montes, y las olas, y los ríos, y los astros, percibidos ocularmente, y el océano, sólo creído; con dimensiones tan grandes como si los viese fuera.


S. Agustín: Confesiones. Libro X.


Leonard Cohen: Dance me to the end of love 

martes, 25 de octubre de 2011

Anotaciones de Harry Haller



Hermann Hesse


¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo, ninguno de cuyos fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llama la atención? No puedo aguantar mucho tiempo ni en un teatro ni en un cine, apenas puedo leer un periódico, rara vez un libro moderno; no puedo comprender qué clase de placer y de alegría buscan los hombres en los hoteles y en los ferrocarriles totalmente llenos, en los cafés repletos de gente oyendo una música fastidiosa y pesada; en los bares y varietés de las elegantes ciudades lujosas, en las exposiciones universales, en las carreras, en las conferencias para los necesitados de ilustración, en los grandes lugares de deportes; no puedo entender ni compartir todos estos placeres, que a mí me serían desde luego asequibles y por los que tantos millares de personas se afanan y se agitan. Y lo que, por el contrario, me sucede a mí en las raras horas de placer, lo que para mí es delicia, suceso, elevación y éxtasis, eso no lo conoce, ni lo ama, ni lo busca el mundo más que si acaso en las novelas; en la vida, lo considera una locura. Y en efecto, si el mundo tiene razón, si esa música de los cafés, estas diversiones en masa, estos hombres americanos contentos con tan poco tienen razón, entonces soy yo el que no la tiene, entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra su hogar, ni su ambiente, ni su alimento (...)

(...) Oh, ¡si yo hubiese tenido ahora un amigo, un amigo en una buhardilla cualquiera, ocupado en cualquier cosa a la luz de una bujía y con un violín por allí en cualquier lado! ¡Cómo me hubiese deslizado hasta su callado refugio nocturno, hubiera trepado sin hacer ruido por las revueltas de la escalera y lo hubiera sorprendido, celebrando en su compañía con el diálogo y la música dos horas celestiales aquella noche! Con frecuencia había gustado esta felicidad antiguamente, en años pasados ya, pero también esto se me había alejado con el tiempo y estaba privado de ello; años marchitos se habían interpuesto entre aquello y esto.

Hermann Hesse: El lobo estepario 


Mozart: Don Giovanni 

miércoles, 19 de octubre de 2011

La Divina Comedia (comienzo).






Dante


A mitad del camino de la vida,
en una selva oscura me encontraba
porque mi ruta había extraviado.

¡Cuán dura cosa es decir cuál era
 esta salvaje selva, áspera y fuerte
que me devuelve el temor al pensamiento!


Es tan amarga casi cual la muerte;
mas por tratar del bien que allí encontré,
de otras cosas diré que me ocurrieron.

Yo no sé repetir cómo entré en ella
pues tan dormido me hallaba en el punto
que abandoné la senda verdadera. 

viernes, 14 de octubre de 2011

Tarde

Millais: La muerte de Ofelia



Llegaron tarde. Vestían de luto, pero llegaron tarde. Cuando ella aún podía y quería verlos, no estaban. Y cuando ellos estaban, ella no estaba ya. Llegaron tarde. Vestían de luto, pero llegaron tarde.


Bach: Cantata 147

lunes, 10 de octubre de 2011

Poe: El hombre de la multitud



E. Munch: Atardecer en el paseo Karl Johann

Tres elementos en este cuento: la masa antes de que la inventara Ortega, el hombre que la necesita con desesperación y el no menos inquietante perseguidor.

Bien se ha dicho de cierto libro alemán que er lässt sich nicht lesen -no se deja leer-. Hay ciertos secretos que no se dejan expresar. Hay hombres que mueren de noche en sus lechos, estrechando convulsivamente las manos de espectrales confesores, mirándolos lastimosamente en los ojos; mueren con el corazón desesperado y apretada la garganta a causa de esos misterios que no permiten que se los revele. Una y otra vez, ¡ay!, la conciencia del hombre soporta una carga tan pesada de horror que sólo puede arrojarla a la tumba. Y así la esencia de todo crimen queda inexpresada. No hace mucho tiempo, en un atardecer de otoño, hallábame sentado junto a la gran ventana que sirve de mirador al café D..., en Londres. Después de varios meses de enfermedad, me sentía convaleciente y con el retorno de mis fuerzas, notaba esa agradable disposición que es el reverso exacto del ennui; disposición llena de apetencia, en la que se desvanecen los vapores de la visión interior   -άχλϋς ή πριν έπήεν- y el intelecto electrizado sobrepasa su nivel cotidiano, así como la vívida aunque ingenua razón de Leibniz sobrepasa la alocada y endeble retórica de Gorgias. El solo hecho de respirar era un goce, e incluso de muchas fuentes legítimas del dolor extraía yo un placer. Sentía un interés sereno, pero inquisitivo, hacia todo lo que me rodeaba. Con un cigarro en los labios y un periódico en las rodillas, me había entretenido gran parte de la tarde, ya leyendo los anuncios, ya contemplando la variada concurrencia del salón, cuando no mirando hacia la calle a través de los cristales velados por el humo.
Dicha calle es una de las principales avenidas de la ciudad, y durante todo el día había transitado por ella una densa multitud. Al acercarse la noche, la afluencia aumentó, y cuando se encendieron las lámparas pudo verse una doble y continua corriente de transeúntes pasando presurosos ante la puerta. Nunca me había hallado a esa hora en el café, y el tumultuoso mar de cabezas humanas me llenó de una emoción deliciosamente nueva. Terminé por despreocuparme de lo que ocurría adentro y me absorbí en la contemplación de la escena exterior.

sábado, 8 de octubre de 2011

Algo de Nietzsche

Friedrich: El viajero sobre el mar de nubes




"Yo trazo en torno a mí círculos y fronteras sagradas, cada vez son menos los que ascienden conmigo hacia montañas más altas; yo construyo una cordillera con montañas cada vez más santas"

Así habló Zaratustra



En Ecce homo dice a propósito de Así habló Zaratustra:

"Hasta ese momento no se sabe qué es altura, lo que es profundidad, y menos aún se sabe lo que es verdad."


Nietzsche: Albumblatt 

lunes, 3 de octubre de 2011

Cortázar: Lucas, sus meditaciones ecológicas.


Friedrich: Luna saliendo sobre el mar.

En esta época de retorno desmelenado y turístico a la Naturaleza, en que los ciudadanos miran la vida de campo como Rousseau miraba al buen salvaje, me solidarizo más que nunca con: a) Max Jacob, que en respuesta a una invitación para pasar el fin de semana en el campo, dijo entre estupefacto y aterrado: " ¿El campo, ese lugar donde los pollos se pasean crudos?;" b) el doctor Johnson, que en mitad de una excursión al parque de Greenwich, expresó enérgicamente su preferencia por Fleet Street; c) Baudelaire, que llevó el amor de lo artificial hasta la noción misma de paraíso.

Un paisaje, un paseo por el bosque, un chapuzón en una cascada, un camino entre las rocas, sólo pueden colmarnos estéticamente si tenemos asegurado el retorno a casa o al hotel, la ducha lustral, la cena y el vino, la charla de sobremesa, el libro o los papeles, el erotismo que todo lo resume y lo recomienza. Desconfío de los admiradores de la naturaleza que cada tanto se bajan del auto para contemplar el panorama y dar cinco o seis saltos entre las peñas; en cuanto a los otros, esos boy-scouts vitalicios que suelen errabundear bajo enormes mochilas y barbas desaforadas, sus reacciones son sobre todo monosilábicas o exclamatorias; todo parece consistir en quedarse una y otra vez como estúpidos delante de una colina o una puesta de sol que son las cosas más repetidas imaginables.
Los civilizados mienten cuando caen en el deliquio bucólico; si les falta el scotch on the rocks a las siete y media de la tarde, maldecirán el minuto en que abandonaron su casa para venir a padecer tábanos, insolaciones y espinas; en cuanto a los mas próximos a la naturaleza, son tan estúpidos como ella. Un libro, una comedia, una sonata, no necesitan regreso ni ducha; es allí donde nos alcanzamos por todo lo alto, donde somos lo más que podemos ser. Lo que busca el intelectual o el artista que se refugia en la campaña es tranquilidad, lechuga fresca y aire oxigenado; con la naturaleza rodeándolo por todos lados, él lee o pinta o escribe en la perfecta luz de una habitación bien orientada; si sale de paseo o se asoma a mirar los animales o las nubes, es porque se ha fatigado de su trabajo o de su ocio. No se fíe, che, de la contemplación absorta de un tulipán cuando el contemplador es un intelectual. Lo que hay allí es tulipán + distracción, o tulipán + meditación (casi nunca sobre el tulipán). Nunca encontrará un escenario natural que resista más de cinco minutos a una contemplación ahincada, y en cambio sentirá abolirse el tiempo en la lectura de Teócrito o de Keats, sobre todo, en los pasajes donde aparecen escenarios naturales. Sí, Max Jacob tenía razón: los pollos, cocidos.


Julio Cortázar: Un tal Lucas.


Beethoven: Sonata para violín y piano nº 8. Allegro assai


jueves, 29 de septiembre de 2011

Amanecer en el campo

Van Gogh: Trigo al amanecer


El campo es uno de los sitios donde mejor amanece. Lo malo es que me lo pierdo porque el gusto por el cielo estrellado y el amanecer son incompatibles. Reconozco que esas primeras horas matutinas últimamente me las he pasado en la cama. Tengo recuerdos vagos: la luz que renace, el rocío en las hojas de los árboles, la dulce calma...
Pero un día tenía unos asuntos campestres que resolver. Me puse en contacto con una serie de forestales de la cosa sin llegar a nada claro, parecían troncos arrancados de los mismísimos árboles, estaba desesperada hasta que una tarde recibí la llamada de un desconocido. Era un forestal con una voz grave, pausada, educada... de hecho supe enseguida que me gustaba mucho, muchísimo. Me citó a las 8 de la mañana, bueno primero me dijo si no tenía inconveniente y por supuesto le dije que no.
Me preguntaba cómo sería porque esa voz no podía fallar, tenía que ser alguien encantador. Me acosté ilusionada, puse tres despertadores porque ya una anda un tanto extraviada en eso que llamamos tiempo y cuando hablo de horas sólo me acuerdo de la película sobre la Woolf  y acudí a la cita que tendría lugar en el bosque. Llegué puntualísima y ya me estaba esperando un hombre joven grande, con una sonrisa grande y una mano grande que me apretó con energía mi nerviosísima mano. Subí a su todoterreno  y nos dirigimos al lugar de la cosa a resolver. Hablaba con la misma voz que me había encandilado el día anterior. Lo miraba y no daba crédito a lo que veía: era un encanto.
Llegamos al bosque y enseguida me resolvió el asunto que nos había llevado hasta allí. Empezamos a hablar de lo hermoso que estaba el campo, le pregunté si le gustaba su trabajo y me dijo que era completamente feliz y que por nada del mundo lo cambiaría por otro. Pronto participamos de una misma comunión (yo que en cierto modo prefería "los pollos cocidos" como el personaje de Cortázar). Juntos contemplamos los colores de la mañana. Empecé a hablar de la relación entre naturaleza y pintura y se mostró un entendido en arte, también le gustaban los paisajes de Claudio de Lorena. Yo no sabía si estaba soñando o no pero lo cierto es que me sentía tan a gusto que aquello no me parecía posible. 
Tumbados veíamos pasar las nubes y reíamos de sus formas caprichosas. Quedamos en vernos al día siguiente y volvimos a hacer lo mismo. Nos tumbábamos y hablábamos de la naturaleza y discutíamos acerca de si es superior al arte.
El tercer día empezamos a recitar el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz. Juntos empezábamos la primera estrofa:
"¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huíste, 
habiéndome herido;
salí tras de ti clamando, y eras ido."

Y seguíamos. Cuando volvía a casa seguía con el Cántico:
"Pastores los que fuerdes
allá por las majadas al otero, 
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero,
decídle que adolezco, peno y muero."

El siguiente día prometía el éxtasis más absoluto. Pero desgraciadamente no fue así. Cuando estaba tumbada, al darme la vuelta grité de dolor. Me había clavado algo en la espalda.
-- ¿Qué hace aquí un canto rodado? preguntó en voz alta como si fuera el protagonista de Hemingway cuando se preguntaba qué hacía un leopardo en el Kilimanjaro.
Yo no sabía qué hacía allí el canto rodado, sólo que había terminado con mi espalda y mi dicha.
Ahora estoy en la ciudad aún convaleciente esperando volver cuanto antes a contemplar la luz del otoño en los campos.


MIna: Grande, grande, grande. 

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Polvo de estrellas

Van Gogh: Noche estrellada

 Siempre he tenido una clara conciencia de nuestra relación con el polvo: "polvo eres y en polvo te convertirás" decían en un momento sobrecogedor del miércoles de ceniza mientras  lo ponían en la frente. A otros polvos no quiero referirme porque quiero reformarme. El polvo de estrellas no sé si me sobrecoge más o menos, pero me gusta más, lo encuentro mucho más poético.
Dicen que en el principio era el hidrógeno... Después en una dinámica de explosiones y fusiones se fueron formando las estrellas, se fue formando todo, los átomos de nuestros cuerpos se formaron en el interior de una estrella.
Eso explica por qué en las noches de verano cuando contemplo el cielo nocturno, no sólo me extasío ante la belleza que ven mis ojos, sino que descubro en mí una nueva dimensión, veo la bóveda celeste como un útero gigantesco y lo siento más próximo y familiar.
Observo la Estrella Polar, la Osa menor, la Osa mayor, Casiopea, Arturo y el Boyero, Pegaso... ¿Qué pasaría si pudiera estar ahora mismo en Arturo? Vería lo que sucedió aquí hace 40 años... Qué lejos está... Si la luz viaja a 300000 kms/s y tarda 40 años en llegar ¿cuál es esa distancia?
Añoro la otra parte, el cielo austral, la Cruz del Sur contemplada desde la Patagonia y Nueva Zelanda...Aunque este cielo me sea más extraño no dejo de recordar a Eduardo Galeano:
"Yo nací y crecí bajo las estrellas de la Cruz del Sur. Vaya donde vaya ellas me persiguen. Bajo la Cruz del Sur, cruz de fulgores, yo voy viviendo las estaciones de mi suerte."
Las estrellas tienen luz propia pero cuando las miramos puede que ya no existan, que hayan desaparecido y lo que veamos no sea sino el resto de su gloria también efímera.
Hay tanta belleza en ese cielo nocturno! Las Leónidas, las Perseidas derramando las lágrimas de San Lorenzo (¡qué nombres!). Las estrellas fugaces que incitan a pedir deseos, que incendian el cielo mientras se desintegran, son como nosotros, simples meteoros fugaces perdidos en medio del Universo, con unos segundos de esplendor.
Hasta Platón decía "... De esas tracerías con que está bordado el cielo hay que pensar que son, en verdad, lo más bello y perfecto que en su género existe."


Ringo Starr: Stardust

viernes, 16 de septiembre de 2011

Dos horas más

Gérôme: La Verdad saliendo del pozo


Dos horas más a la semana son treinta alumnos  y sesenta padres más en pie de guerra (a veces se añade algún abuelo). Tres o cuatro alumnos en el mejor de los casos, la mitad o todos menos uno (siempre  quedará un Lot) se encargarán de hacer la vida imposible al profesor y de impedirle dar clase. Si es malo malísimo, a parapetarse, a pedir hora con el psicólogo y a  intentar sobrevivir como se pueda. Aquel que tanta ilusión había puesto en la docencia tiene ahora  una sola tarea: vigilar, procurar salir indemne de la clase, evitar peleas inter pupilos, esperar el sonido del timbre y salir hacia  otro grupo donde más o menos le pasará lo mismo. Dos horas más aumentarán su frustración al no poder hacer lo que más desea: enseñar. Dos horas más aumentarán el número de reuniones, de padres para atender, de evaluaciones, preevaluaciones y otros rollos. Dos horas más matemáticamente no son dos horas más, son muchas más horas más, total para nada.
A nivel colectivo dos horas más suponen el despido de miles de interinos a los que habrá que pagar, supongo, su subsidio de desempleo.
En dos horas algunos de los que cagaron la enseñanza dormitan en sus escaños, nadie ni nada se lo impide, sólo tienen que despertar para darle a la disciplina de partido. Fuera les espera el coche oficial que los llevará donde se les antoje. Ellos han convertido la enseñanza pública en un detritus, en pocos años han cambiado varias veces de leyes educativas,  todo el que llega bautiza un ente vacío de contenidos y, como Dios, le pone nuevos nombres. Se creen eso de que el sistema educativo es como "el patio de mi casa es particular." Una nueva legislatura, un nuevo partido político, una nueva ley de educación. Más horas para tratar de comprender un lenguaje oscuro y opaco. Y luego, con la ayuda inestimable de algunos voceros de algunos medios de comunicación, sólo falta buscar una diana, descubrir el aula de cristal y buscar un chivo expiatorio: el profesor. Cada vez más degradado socialmente, se le culpa (wanted) de ser el que más dinero gana, el que menos trabaja y el responsable del fracaso escolar.
Conozco a muchos profesores que darían lo que fuera por ejercer su profesión con dignidad. Pero los que dormitan han llenado su tiempo de reuniones estériles, lo han convertido en un burócrata rodeado de papeles... Y han impedido que puedan enseñar gramática, matemáticas, historia del arte, filosofía, latín...
Que duerman en sus escaños, pero que no tengan la desfachatez de culpar a los profesores del fracaso escolar. Ni de ponerlos en el punto de mira de la sociedad. Los profesores no son la causa del fracaso escolar sino sus víctimas. 


viernes, 2 de septiembre de 2011

El mandarín


Anda Cide Hamete metido en lecturas de Eça de Queiroz, como siempre seleccionadas con mucho tino. Sin embargo a mí el recuerdo de una de las obras del escritor luso me perturba y produce desasosiego y está inevitablemente asociado a la pérdida de una buena amiga.
Leí El mandarín hace bastantes años. En un lugar de la China vive un rico mandarín. Teodoro, el protagonista, aquel cuyo nombre significa regalo de los dioses, tiene acceso a una campanilla cuyo sonido matará al mandarín. Con sólo hacer tilín tilín el mandarín morirá tres doucement y él heredará su inmensa fortuna. Cuando leí el relato conté mis vicisitudes a mi amiga C. Ella leyó el libro y al parecer tampoco le fue indiferente. Poco después me contó que la historia le había ocasionado un gran malestar y que, aunque admiraba la calidad de la escritura, repudiaba profundamente la historia y no podía soportar el solo nombre de Teodoro.
Pasó el tiempo y C recobró poco a poco la tranquilidad. Hasta que un día ella que es docente (noble profesión donde las haya) buscando quehaceres para sus alumnos de Ética, tropezó con el libro de John Hospers La conducta humana. Allí había una serie de problemas morales, entre los que se encontraba una versión del relato de Queiroz: Imagine que se encuentra en una habitación en la que hay una mesa con un botón. Usted está solo, nadie puede verlo. Si aprieta el botón en algún lugar del mundo una persona muere y  usted recibe 20.000 $. ¿Apretaría el botón? 
C planteó el problema a sus alumnos. Vio con estupor el resultado: una parte de sus alumnos apretaría el botón. Le preguntaban cosas como:
-- ¿Se trata de alguien conocido?
-- ¿Podría ser alguien de mi familia?
C juzgaba las preguntas muy capciosas.
Lo comentó con sus compañeros y también ellos decidieron hacer la prueba con resultados muy parecidos. Uno de ellos sugirió introducir variaciones: aumentar o disminuir la recompensa. De manera alarmante comprobaron que los resultados eran parejos a la cantidad de dinero ofrecida: a más dinero más alumnos apretarían el botón, cuanto menos dinero el porcentaje disminuía notablemente.
Con grandes cantidades (pongamos 5 millones de dólares) hasta los considerados buenos alumnos lo harían, aunque necesitaran subterfugios.
-- Es que pude que fuera una mala persona, un asesino. Si lo matara le haría un bien a la humanidad.
-- Pues yo sí lo haría y le daría la mitad a los pobres.
C se desesperaba y comentaba a sus compañeros:
-- Son unos asesinos -sollozaba - Mis alumnos son unos asesinos.
-- No te pongas así. Sólo es una prueba, en realidad no serían capaces de hacerlo.
Pero C empezó a pensar que sí eran capaces de hacerlo. Empezó a temerlos. Cuando entraba a clase los veía de otro modo. Veía en ellos una malicia que no había percibido nunca. Cada mañana cuando se levantaba para ir a trabajar le entraba un profundo malestar. Los síntomas fueron agravándose: no dormía, tenía pesadillas. Al llegar a clase sufría ataques de pánico. Empezó a frecuentar los médicos, a faltar a clase, a tener bajas por enfermedad. Se encerraba en su casa, se aislaba del mundo. Poco a poco empezó a pensar que cualquiera sería capaz de apretar el botón o hacer sonar la campanilla.
-- Brotes paranoicos, diagnosticaron unos.
-- Algo más que brotes, dijeron otros.
C no sale de su casa. Tampoco recibe visitas. Ha perdido todo deseo de vivir. Yo he perdido a mi amiga. 
Y tú, lector, si pudieras, ¿harías sonar la campanilla como Teodoro? ¿Matarías al mandarín? Es tan fácil: tilín, tilín, tilín...


Dulce Pontes: Cançao do mar 

jueves, 18 de agosto de 2011

Julio Cortázar: Después del almuerzo



Julio Cortázar


Dos inquietantes cuentos estrechamente vinculados: el de Katherine Anne Porter y el de Cortázar, muy buenos ambos y con la tentación por medio. 

Después del almuerzo yo hubiera querido quedarme en mi cuarto leyendo, pero papá y mamá vinieron a decirme que esa tarde tenía que llevarlo de paseo
Lo primero que contesté fue que no, que lo llevara otro, que por favor me dejaran estudiar en mi cuarto. Iba a decirles otras cosas, explicarles por qué no me gustaba tener que salir con él, pero papá dio un paso adelante y se puso a mirarme en esa forma que no puedo resistir, me clava los ojos y yo siento que se me van entrando cada vez más hondo en la cara, hasta que estoy a punto de gritar y tengo que darme vuelta y contestar que sí, que claro, en seguida. Mamá en esos casos no dice nada y no me mira, pero se queda un poco atrás con las dos manos juntas, y yo le veo el pelo gris que le cae sobre la frente y tengo que darme vuelta y contestar que sí, que claro, en seguida. Entonces se fueron sin decir nada más y yo empecé a vestirme, con el único consuelo de que iba a estrenar unos zapatos amarillos que brillaban y brillaban.
Cuando salí de mi cuarto eran las dos, y tía Encarnación dijo que podía ir a buscarlo a la pieza del fondo, donde siempre le gusta meterse por la tarde. Tía Encarnación debía darse cuenta de que yo estaba desesperado por tener que salir con él, porque me pasó la mano por la cabeza y después se agachó y me dio un beso en la frente. Sentí que me ponía algo en el bolsillo.
-Para que te compres alguna cosa -me dijo al oído-. Y no te olvides de darle un poco, es preferible.


viernes, 12 de agosto de 2011

Katherine Anne Porter: Él


Katherine Anne Porter












De todos los cuentistas, una de las grandes. En España poco conocida hasta hace unos años cuando, primero Lumen y después DeBolsillo, editaron sus cuentos. Para gozar con su lectura. He elegido este cuento, "Él", no sólo por su calidad sino también por la estrecha relación que guarda con otro de Cortázar, "Después del almuerzo".

La vida de los Whipples era dura. Resultaba difícil alimentar tantas bocas hambrientas; difícil vestir a los niños con ropas abrigadas durante el invierno, aunque éste durara poco. “Dios sabe lo que hubiéramos sido de habernos quedado en el norte”, pensaban frecuentemente. En verdad, era complicado mantener a los muchachos decentes y limpios.
—Parece que la suerte nunca nos favorece— decía el señor Whipple, pero la señora Whipple recordaba la estoica idea de aceptar como bueno lo que se les presentara, al menos cuando los vecinos escuchaban.
—No permitamos que nadie nos oiga quejarnos —pedía a su marido, detestando pensar que alguien le tuviera lástima—. No, ni aunque tuviéramos que vivir en un vagón recogiendo algodón por todo el país, nadie tendría oportunidad de mirarnos feo.
La señora Whipple amaba a su segundo hijo, el retardado, mucho más que a los otros dos hijos juntos. Lo comentaba siempre, y al hablar con sus vecinos comparaba el amor por su hijo con el que sentía por su marido y por su madre.
No necesitas decírselo a todo el mundo —repetía el señor Whipple—. Parece que sólo tú lo quieres.
—Es algo natural en una madre —recordaba la señora Whipple—. Sabes que este tipo de cariño es más propio de la madre. La gente no espera tanto de los padres.
Ello no evitaba que entre sí los vecinos no hablaran claramente. —Sería una bendición del Señor si él muriera —comentaban—. Es culpa de los padres —agregaban—. Puede apostarse que por ahí hay algún pecado y alguna tara. Por supuesto, todo a espaldas de los Whipples. De frente les decían: —No está tan mal. Se mejorará ¡Miren que bien se desarrolla!
La señora Whipple odiaba tocar el asunto; intentaba pensar en otra cosa, pero cada vez que alguien ponía un pie en la casa lo sacaba a relucir y hablaba de Él antes que de nada. Parecía aliviarse.
—Ni por todo el oro del mundo permitiría que nada le pasara; pero no logro mantenerlo quieto. Él es tan fuerte y activo. Siempre está en todo y fue así desde que empezó a caminar. Algunas veces me parece graciosa la manera como actúa. Me divierte verlo hacer sus travesuras. Emily se accidenta más; a cada rato le vendo sus raspones, y Adna se rompe un hueso cada vez que se cae. Pero Él hace de todo sin sufrir ni un rasguño. En una ocasión en que estuvo aquí, el sacerdote dijo algo tan agradable que lo recordaré hasta el día de mi muerte. Dijo: “Los inocentes caminan con Dios, por eso Él no se lastima.” Cuando la señora Whipple repetía esas palabras, sentía que algo tibio le inundaba el pecho, las lágrimas llenaban sus ojos, y sólo entonces lograba pasar a otro tema de conversación.

lunes, 25 de julio de 2011

Lucian Freud

Freud: Autorretrato


Hiperrealismo. No sé bien qué significa esto. Tampoco sé por qué me parto de risa con el nombrecito, especialmente cuando se aplica al arte. Tal es el caso de la pintura de Lucian Freud. Pongamos un ejemplo cualquiera, sin ir más lejos el retrato que le hizo a su majestad británica (no entiendo por qué determinada gente se hace retratar por pintores que no sacan guapos). Si cuando su majestad se mira al espejo ve que es clavadita al retrato habrá que pensar dos cosas al menos: que se pasó con la beefeater la noche anterior o que, en un ataque de locura, se ha pasado con el maquillaje mezclando todos los tarros que guarda en su tocador.
Lucian Freud (aunque a él no le gustara) pertenece al linaje glorioso que surgió de la cópula de Sigmund y Martha. De su paleta terrosa ha surgido una de las mejores pinturas de la época.
La escenografía en la que se desarrolla su pintura es semejante a la de su abuelo. Vuelve al estudio cerrado típico del s. XIX. El abuelo utilizaba el diván para que sus pacientes desnudaran su psique en busca de viejos traumas edípicos, con atención especial al sexo implícito. Lucian es más explícito que el abuelo y sustituye el diván por viejas camas y sofás donde sus modelos posan desnudos.
En el lienzo va superponiendo una serie de capas pictóricas con pinceladas muy empastadas. Enfatiza el corte de planos para dar más tensión existencial y mayor efecto expresivo.
Los cuerpos desnudos están desprovistos de espiritualidad, quedan reducidos a la animalidad. Aunque podría establecerse un paralelismo con Ribera, en éste la tensión dramática del cuerpo desnudo busca la trascendencia espiritual.
La mayor conmoción que me produjo una exposición de Freud tuvo lugar el verano pasado en el centro Pompidou. No sé si fue la subida a la sexta planta de ese edificio que me marea o verme de repente, nada más entrar en la sala, rodeada de tanta carnosidad pero casi me desmayé. Me senté en el centro de la sala y entonces me fijé en un monsieur con sombrero blanco y cierto aire bohemio. También él estaba sentado, miraba a los asistentes y tenía una risa burlona. Me recordó al Bernhard de Maestros antiguos. Cuando me recuperé, pude dedicar toda mi atención a la obra de Freud y experimentar esa ambigua sensación de goce y desaliento.
Cuando salí, el hombre bohemio seguía sentado en el centro de la sala observando a todo el mundo y partiéndose de risa.



 Amy Winehouse: Will you still love me tomorrow



Freud: Autorretrato
F. Bacon y L. Freud

domingo, 17 de julio de 2011

Éxtasis en la ciudad

Leonardo: La dama del armiño
La cosa no puede pintar mejor. La baronesa apuesta siempre a caballo ganador y Antonio López es hoy un caballo ganador. Lejos de aquellos años de silencio y menosprecio, el tiempo ha consagrado al pintor y lo ha convertido en cotizado y deseado. Hace 17 años costó que le organizaran una exposición en el Centro Reina Sofía, decían que para pintar así ya estaba la fotografía, que era necesario seguir los caminos de la abstracción. Y así se le vilipendió y se le negó el acceso a los museos de arte contemporáneos. Antonio López nunca utilizó la fotografía como hacen tantos y han hecho. Su cámara es la minuciosidad, la búsqueda de la luz, el trabajo, el trabajo, el trabajo... De lejos sus cuadros parece que copien la realidad. Cuando nos aproximamos los vemos con manchas trazadas como con descuido... Algunos los muestra con gotazos e inacabados. Y no me refiero a los que se muestran en esta exposiciñon de la Gran Vía, que ahí se nota que están manifiestamente inacabados y colgados para que podamos apreciar su trabajo de creación. Lo malo de todo: la multitud, esperar una cola y ver cada cuadro entre un montón de gente. A mí lo que de verdad me molaría es ver su paleta en el momento mismo de la pintura. Lo veo minucioso, pero no hiperrealista como dicen, ni siquiera lo veo realista. Antes sí, cuando aquella exposición del 93, cuando lo tachaban de realista como si fuera un insulto. A mí ya me gustaba entonces y me sigue gustando ahora.
En el Prado sorpresa y eso es difícil porque casi nunca me sorprende, allí se va sobre seguro, como en las exposiciones temporales de la baronesa. El Prado permanente es nuestra gloria, pero el temporal a veces...
P. e. Ribera el joven, no me aporta nada nuevo, a pesar de ser uno de mis pintores favoritos. Sorpresa en la de No sólo Goya, que va sobre adquisiciones del museo de dibujos. Estupenda, una delicia.
Y la mayor sorpresa es la dedicada al paisaje, Roma. Naturaleza e ideal. Exquisita toda, pero con deleite especial en las numerosas obras de Claudio de Lorena. El pintor de atmósferas mágicas que a veces pueden contemplarse en la naturaleza. Un paisajista excelente, delicado... Naturaleza y cultura, a veces la atmósfera pintada es más gozosa que la real.  En una semana he apreciado un par de atardeceres con esa luz que tan bien crea y recrea el de Lorena. Aún recuerdo la exposición que organizó el Prado el verano pasado, Turner y los maestros. Cuadros del joven Turner junto a los grandes pintores a los que imitaba. Me daba la sensación de que la exposición podría haberse titulado: Los Maestros contra Turner, porque no había comparación entre un Turner y un Claudio de Lorena, qué bueno el francés y qué ramplón el inglés, claro que Turner estaba aprendiendo como yo ahora y ante el fracaso te puedes dar a la bebida o hacerte pionero de la abstracción como el inglés... Chapeau, monsieur Claude!. Una exposición abundante en cuadros y escasa de público. Para gozar a lo grande.
En el Palacio Real pintura dedicada al patrimonio artístico polaco, entre las destacables La dama del armiño de Leonardo, La niña en un marco de Rembrandt y un par de cuadros del maestro de las medias figuras femeninas. Una grandísima gozada, para entrar en éxtasis. 
Es muy loable el trabajo que viene haciendo la Fundación Mapfre. Exposiciones perfectamente seleccionadas y, excepto un par de veces, con poca gente, especialmente ésta dedicada al bello mundo del dibujo, La mano con lápiz, muy interesante. 
En la misma Fundación, también pueden contemplarse fotografías de Eugène Atget del viejo París.
Creo que hay que volver a verlo todo y recrearse y regodearse en la creatividad humana.




Claudio de Lorena: El arcángel Rafael y Tobías
El arcángel Rafael y Tobías (detalle)


sábado, 9 de julio de 2011

Médico de cabecera

Van Gogh: El doctor Gachet


A mamá no le gustan los médicos. Cuando se ha visto obligada a ir, muy pocas veces, lo ha hecho a disgusto y ha pasado olímpicamente de ellos. Toma lo que ella llama "su medicación": una pastilla de cloruro de magnesio, que ella misma se autorrecomendó, y su pastillita de ajo que toma tres veces al día por aquello de cuidar su tensión arterial. Una amiga le habló un día de su médico que a ella le iba muy bien, le dijo y le dijo y le dijo tanto que a las dos les daba una sonrisa picarona... Poco después dijo que se encontraba mal y quiso cambiarse al médico que le había recomendado su amiga. Hicimos las diligencias oportunas, concertamos fecha y nada más llegar a la sala de espera ya noté algo raro. Al principio no sabía qué era hasta que noté la ausencia de hombres, sólo había mujeres y sobre todo mujeres mayores. Pasaba ya una hora desde la concertada cuando me dirigí a una anciana con sonrisa beatífica que estaba sentada a mi lado y le dije:
-- Sí que tarda.
-- Sí -me dijo ella- pero da igual, es tan guapo... Y hay que ver lo bien que te atiende...
Cuando por fin llegó nuestro turno, la cara de mamá cambió y yo empecé a comprender. Salió un tío más que alto, más que un tío, una columna trajana. Llamó a mamá por su nombre, la acompañó hasta dentro de la consulta con una sonrisa generosa, empezó a hablar con ella y se olvidó de mi insignificante existencia. Yo lo miraba, miraba a mamá y veía cómo le cambiaba la cara. De mujer afligida por algún malestar -siempre transitorio- pasó a tener un rostro resplandeciente. Me sentí superflua, invisible, ni se fijó en mí. Hablaba con delicadeza, con un inteligente sentido del humor lleno de finura. Hablaban los dos de casi todo menos de enfermedad.
A partir de aquel día, mamá empezó a tener una serie de pequeñas molestias que requerían -decía ella- atención médica. A mí me apetecía acompañarla con mucho gusto. Empecé a acicalarme a ver si la columna se percataba de mi presencia. Lo malo de lo peor es que mi hermana también quiso acompañarla y me decía:
-- Es igual, no hace falta que vengas, ya la acompaño yo.
Con cierto fastidio le contestaba:
-- Mujer, tú tendrás cosas que hacer, ya voy yo.
Seguíamos así hasta que comprendíamos que no tendríamos más remedio que ir las dos. Un día llegó toda resplandeciente, llevaba puesto un vestido muy mono con unos colores que la favorecían mucho. Cuando estábamos en el garaje dije:
-- Esperad un momento que me he dejado las llaves del coche.
No era verdad. Lo que quería era cambiarme de ropa y buscar unas prendas que pudieran competir con my sister. Cuando bajé, la muy pícara me dijo:
-- Con que las llaves eh!
Allá que nos fuimos de punta en blanco a acompañar a mamá. De nada nos sirvió. Sólo tiene ojos y oídos para ella, a nosotras ni nos considera. Tienen muchas lecturas en común, hablan de Cortázar y Dostoievski como si fueran de la familia. Lo que más me fastidia es que cuando lo miro se me sube un rubor a las mejillas que ilumina todo mi rostro como si fuera un faro en la oscuridad con sólo pensar que me gustaría que fuera mi médico de cabecera. Ahora se llaman de familia, pero a mí me gusta pensar en lo de la cabecera, le va mejor a lo que pienso en ese momento. 
Todo da igual, mamá es la única que centra su interés. Ahora dice que en la próxima visita le va a regalar El idiota de Dostoievski, que da mucho juego y mucho tema de conversación... Mi sabia madre me ha dado una idea... Podría ir yo sola un día a agradecerle los progresos de mamá, le llevaría el libro y le diría que estoy tan fastidiada como Ippolite a ver si me hace caso de una puñetera vez. Sólo temo que se me haya podido adelantar mi sister (me consta que ha comprado una edición muy cuidada) y hacer un ridículo tan espantoso como Ippolite en su intento de suicidio...


Jaume Sisa: Quasevol nit pot sortir el sol 


Frans van Mieris: La visita del doctor