lunes, 27 de septiembre de 2010

Père-Lachaise

Abelardo y Eloísa




 Os dije el otro día que había dos sitios en París a los que no volvería ni loca. Uno ya lo sabéis. El otro es el Père- Lachaise (le cimetière par excellence). Y eso que ha sido un lugar que he frecuentado y en el que he hecho largas y solitarias meditaciones (un sitio más que apropiado para raonar, queridos). Además conozco a un tipo que vive al ladito, es decir, que sales a su balcón y desde allí lo ves todo, que en este lugar es mucho.
Lo he paseado en verano y en invierno, con sol y con lluvia. Los ves, si no a todos, sí a la mayoría.
Y paseas y meditas sobre tu futuro que allí lo ves más claro que el agua. Buscas las tumbas que te dan más morbo. Una vez busqué las tumbas de Abelardo y Eloísa, que andaba yo entonces muy enrollada con la historia de estos dos, y hay que ver estos franchutes si les han dado bombo, menudas tumbas. Ahora, que les pasa como al río de Valencia. Que te vienen unos guiris, te preguntan por algún lugar y amablemente les dices que tienen que cruzar el río. Y te preguntan:
-- ¿Qué río?
Y tú que estás viendo todo el cauce y todos los puentes, pues oye, que te mosqueas y piensas que son idiotas. Aunque luego para tus adentros te dices:
-- Jo! Si tienen razón las criaturas, si es que no hay río, si es que bien pensado es bastante surrealista lo nuestro, siempre estamos diciendo:
-- ¿Dónde vas?
-- Al río.
Y nos quedamos tan panchos, como si hubiera río, estamos todos tarados.
Pues bueno, hay tumbas de esta parejita que tanto me seduce, pero sin ellos. Pero no porque estén ya hechos polvo, no, sino porque nunca han estado ahí. No sé dónde estarán de verdad, tampoco los atributos de Abelardo que tan amablemente le cortó el bestia del tío de Eloísa, no sé si los enterraría o no, porque eran los atributos de un filósofo. Qué historias...
Y luego ves una multitud y te dices: ¿A que van al Morrison? Y efectivamente, no te equivocas ni una vez. Y cuando se va la multitud y te acercas, ves aquello lleno de colillas de canutos, no de la multitud que no fuma canutos, sino de los colgadillos que  se quedan allí toda la noche cogiendo un colocón de muy señor mío.
Una vez fue una chica española y nos miró a mi amigo y a mí. Llevaba una bolsita de plástico y empezó a coger tierra y a guardarla: 
-- Es que es para mi novio que el pobre no ha podido venir y me ha pedido que se la lleve.
Qué gente, pero mira que llevarse tierra de una tumba para tenerla en la casa... me da una grima...


The Doors: The end.

Jim Morrison



 

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