sábado, 26 de enero de 2013

Un día en la vida de un profesor de secundaria

 


Friedrich - Monje a la orilla del mar

He recibido esta crónica de las tribulaciones de un profesor que conozco y que todavía ama su profesión. Corren malos tiempos para la lírica...


 Empieza la mañana con un control de lectura en 1º de ESO. Tras conseguir sentar a los muchachos (faena que puede tomar entre cinco y ocho minutos), y también que guarden el libro de lectura, se reparte el examen. A levanta la mano para una aclaración sobre la primera pregunta. Tras la respuesta del profesor contesta en voz alta –inevitablemente, para todos los presentes- a la pregunta. El profesor – que soy yo- le invita a abandonar la clase, aunque puede llevarse el examen y terminarlo en el puesto de guardia. El alumno abandona el examen sobre su mesa y se marcha dando un portazo. Más tarde volverá con la directora, a quien le ha referido solo parte de lo ocurrido (no lo relacionado con el portazo) a recoger su examen para completarlo a solas.
Como el control es breve, algunos alumnos terminan a mitad de la clase. Les indico ejercicios que pueden hacer. Casi ninguno lleva el libro de la materia (“como había control”). Les insto a que saquen material de otra materia, pero prefieren hablar con los compañeros. Recuerdo que estamos en un examen (les resulta muy difícil entender que en un examen hay que guardar silencio). Al rato veo que B, que ha terminado, está girada hablando con C, que todavía está haciendo el examen, y va todavía por la segunda pregunta. Se lo retiro. No protesta.

domingo, 13 de enero de 2013

Si quieres ser famoso médico




Francisco de Quevedo

Don Francisco de Quevedo ha poseído el mayor ingenio, el más sarcástico y mordaz de la literatura española. Dirigió su aguijón contra todo lo que se le pusiera por medio. A juzgar por el texto, no parece que estimase en mucho a los médicos, ni tampoco a todos aquellos que buscan al médico fijándose más en su apariencia que en su ciencia. He aquí un divertido texto sobre cómo llegar a ser un médico famoso y reconocido:

"Si quieres ser famoso médico, lo primero linda mula, sortijón de esmeralda en el pulgar, guantes doblados, ropilla larga y en verano sombrerazo de tafetán. Y teniendo esto, aunque no hayas visto libro, curas y eres doctor; y si andas a pie aunque seas Galeno, eres platicante. Oficio docto, que su ciencia consiste en la mula.
La ciencia es ésta: dos refranes para entrar en casa; el ¿qué tenemos? ordinario venga el pulso, inclinar el oído, ¿ha tenido frío? Y si él dice que sí primero decir luego: "Se echa de ver. ¿Duró mucho?" Y aguardar que diga cuánto y luego decir: "Bien se conoce. Cene poquito, escarolitas; una ayuda". Y si dice que no la puede recibir, decir: "Pues haga por recibilla". Recetar lamedores jarabes y purgas para que tenga que vender el boticario y que padecer el enfermo. Sangrarle y echarle ventosas; y hecho esto una vez, si durare la enfermedad, tornarlo a hacer, hasta que, o acabes con el enfermo o con la enfermedad. Si vive y te pagan, di que llegó tu hora; y si muere, di que llegó la suya. Pide orines, haz grandes meneos, míralos a lo claro, tuerce la boca. Y sobre todo advierte que traigas grande barba, porque no se usan médicos lampiños y no ganarás un cuarto si no pareces limpiadera. Y a Dios y a ventura, aunque uno esté malo de sabañones, mándale luego confesar y haz devoción la ignorancia. Y para acreditarte de que visitas casas de señores apéate a sus puertas y entra en los zaguanes y orina y tórnate a poner a caballo; que el que te viere entrar y salir no sabe si entraste a orinar o no. Por las calles ve siempre corriendo y a deshora, porque te juzguen por médico que te llaman para enfermedades de peligro. De noche haz a tus amigos que vengan de rato en rato a llamar a tu puerta en altas voces para que lo oiga la vecindad: "Al señor doctor que lo llama el duque; que está mi señora la condesa muriéndose; que le ha dado al señor obispo un accidente", y con esto visitarás más casas que una demanda y te verás acreditado y tendrás horca y cuchillo sobre lo mejor del mundo".

Quevedo, Prosa festiva y satírica.

The Carpenters - Close to you

martes, 8 de enero de 2013

Baroja y Kant




Gustav Klimt - El árbol de la vida


Pío Baroja (1872-1956) representa una parte de la mejor literatura española, de la pesimista generación del 98. Fue médico e incluso panadero. Una de sus mejores novelas es El árbol de la ciencia, en la que se describen las tribulaciones del joven Andrés Hurtado, como el mismo Baroja, también un médico que se cuestiona no sólo su profesión, sino su lugar en el mundo. Hurtado, como Baroja, ha leído a Kant y a Schopenhauer. He aquí una forma de consolarse con la filosofía de Kant:

"-No; no sólo es absurdo, sino que es práctico. Antes para mí era una gran pena considerar el infinito del espacio; creer el mundo inacabable me producía una gran impresión; pensar que al día siguiente de mi muerte el espacio y el tiempo seguirían existiendo, me entristecía, y eso que consideraba que mi vida no era una cosa envidiable; pero cuando llegué a comprender que la idea del espacio y del tiempo son necesidades de nuestro espíritu, pero que no tienen realidad; cuando me convencí por Kant que el espacio y el tiempo no significan nada; por lo menos que la idea que tenemos de ellos puede no existir fuera de nosotros, me tranquilicé. Para mí es un consuelo pensar que, así como nuestra retina produce los colores, nuestro cerebro produce las ideas de tiempo, de espacio y de causalidad. Acabado nuestro cerebro, se acabó el mundo. Ya no sigue el tiempo, ya no sigue el espacio, ya no hay encadenamiento de causas. Se acabó la comedia, pero definitivamente. Podemos suponer que un espacio y un tiempo sigan para los demás. Pero ¿eso qué importa, si no es el nuestro, que es el único real?"

Pío Baroja, El árbol de la ciencia.


Walker Brothers - The sun ain't gonna shine anymore


domingo, 30 de diciembre de 2012

La vida auténtica


Magritte - Los misterios del horizonte

El hombre actual, más que el de cualquier otra época, ha intentado ordenar la vida social según principios racionales, transformarla con vistas a la mayor felicidad del mayor número de personas posible e implicar activamente al individuo en esta transformación. Al mismo tiempo ha sometido la naturaleza hasta un punto nunca visto y sus logros y resultados técnicos son tales que todos sus sueños de poder y dominio sobre la naturaleza parecen realizables. Además, ha generado una riqueza insospechada que abre por primera vez en la historia la posibilidad de satisfacer las necesidades materiales de toda la humanidad.
No obstante, el hombre actual se caracteriza por ser abruptamente contradictorio. Si bien produce un mundo repleto de cosas formidables y prodigiosas, éstas, sus propias criaturas, le resultan ajenas y amenazadoras, de modo que, una vez las ha creado, ya no se siente su dueño, sino su servidor. El mundo material, convertido en una máquina monstruosa y gigantesca, dicta la orientación y el tempo de su vida. La obra surgida de sus manos, destinada a servirle y hacerle feliz, conforma un mundo ajeno al que obedece sumiso e impotente.

E. Fromm, La vida auténtica.


Wynton Marsalis - Jazz in Marciac 2009

domingo, 16 de diciembre de 2012

Acerca del amor




W. Dyce - Paolo y Francesca

Hay quien asegura que el amor es una virtud, al menos cierto tipo de amor, ya que es una disposición, una potencia y una excelencia, como cualquier otra virtud. Sea o no sea virtud, habrá que convenir que es la mayor causa de alegría que tenemos, que es una especie de motor que nos pone en marcha para vivir de la mejor forma posible.Difícil es definirlo y establecer su naturaleza. He aquí tres respuestas que se han dado desde los griegos, respuestas de las que podemos hablar hoy como si fuera ayer, tal es el poder de los clásicos.

El amor como éros.  En esa bella obra que es el Banquete de Platón, se van sucediendo las distintas respuestas que dan varios personajes a la pregunta propuesta sobre la naturaleza del amor. Todos esperan la respuesta de Sócrates quien relata lo que una mujer, Diótima de Mantinea, le contó. El amor es a la vez posesión y carencia, es deseo que nuca se ve realizado, puesto que no se puede desear lo que se posee, sólo se desea lo que no se posee.
Éros está ligado a la pasión y al placer, es por tanto efímero, el enamoramiento está destinado a terminar. Sentir una pasión es algo patológico.

El amor como philia. Si el deseo es carencia, la vida es un fracaso. En la medida en que uno desea lo que no tiene, nunca se tiene lo que se desea, ¿cómo va a ser alguien feliz? ¿Cómo se va a sentir realizado?Pero el deseo no es sólo carencia, también es potencia. Muchas de las cosas que hacemos es porque las hemos deseado, el deseo también nos mueve a la acción. El amor como philia está liberado de interés, se convierte en alegría, lealtad, es la amistad. No es incompatible con éros, sino que supones un ascenso del amor.

El amor como agape. Es la clase de amor más desprendida y generosa, amor universal y desinteresado. En español se traduce por caridad, palabra que ha sido muy pervertida. Es amor divino para quien cree que Dios existe, pero también es más que válido para un ateo. Es el amor universal, incluso a los enemigos. Es el amor de aquel que no procura el bien propio sin establecer el ajeno.




viernes, 7 de diciembre de 2012

Algo de Séneca





Rubens - La muerte de Séneca


Lo cierto y averiguado es que ninguno muere sin dar quejas, y ninguno hay que no se disponga a decir en el último día: "Viví y pasé la carrera que la fortuna me dio". ¿Quién hay que salga de la vida sin rehusarlo?, ¿quién sin gemir? Esto, pues, es el ser ingratos; porque no se contentan con el tiempo que les fue señalado. Si te pones a contar los días, pareceránte pocos. Considera que el sumo bien no consiste en el tiempo; séase el que se fuere, da gracias por él. No consiste la felicidad en que se te dilate el día de la muerte; porque aunque la dilación hace que la vida sea más larga, no hace que sea más dichosa. ¿Cuánto más acertado será, mostrándote agradecido a los entretenimientos de que has gozado, no contar los años de los otros, sino haciendo agradable estimación de los tuyos, ponerlos entre las ganancias, diciendo: "Dios me juzgó digno del tiempo que me dio, y esto me basta, y aunque pudo darme más, el que me dio fue beneficio suyo, no mérito mío"? Seamos, pues, agradecidos a los dioses, seamos agradecidos a los hombres, seamos agradecidos a los que nos socorren con alguna cosa, y asimismo lo seamos con los que dieron algo a los nuestros.

Séneca, De los siete beneficios.  


En una entrevista que recientemente le hizo Juan Cruz a André Comte-Sponville, preguntado el francés por su idea y aceptación de la muerte, respondió que no suponía para él problema alguno aceptarla y recordó una cita de los Ensayos de Montaigne: "Si no sabes morir, ¡no te preocupes! ¡La naturaleza te informará de ello enseguida!"

Louis Armstrong - When the saints go marching in   


sábado, 1 de diciembre de 2012

El arte de la mirada



Goya - Jovellanos (detalle)

Mirar, apartar los ojos, cerrarlos para no ver. Taparse la cara y sin embargo mirar por los resquicios entre los dedos. Mirar lo que nadie antes ha visto. Mirar lo que todo el mundo tiene delante de los ojos y finge no estar viendo. Mirar las cosas y las caras comunes y ver en ellas algo que no puede ser real y sin embargo se sabe que es verdadero, aunque tenga el aire de una pesadilla, o precisamente por eso. Mirar lo que se sabe que está prohibido aunque ninguna norma explícita lo indique así. Mirar y no esconder la mirada: confesar que se ha mirado, hacer público lo que se ha visto, aunque nadie escuche o muestre interés. Mirar y desear no haber mirado y no olvidar ya nunca. Abrir los ojos en la oscuridad y distinguir poco a poco formas que se precisan en ella y que parecen sometidas a una rápida metamorfosis. Ver algo y cerrar los ojos apretando los párpados con la esperanza de que lo que se ha visto haya desaparecido cuando vuelvan a abrirse. Mirar deseando. Mirar con los ojos atrapados por el deseo y alimentando su tormento: se mira pero no se toca; se mira, pero lo que toca y acaricia la mirada no es la piel sino el aire. Proyectar una luz poderosa contra la oscuridad y hacer que los bultos o monstruos que parecían habitar en ella se disuelvan sin rastro. Mirar de cerca lo que es aceptado como indiscutible y verdadero, hasta sagrado, y descubrir un grosero simulacro.

Antonio Muñoz Molina, El atrevimiento de mirar.  

Diana Krall - The look of love