martes, 8 de enero de 2013

Baroja y Kant




Gustav Klimt - El árbol de la vida


Pío Baroja (1872-1956) representa una parte de la mejor literatura española, de la pesimista generación del 98. Fue médico e incluso panadero. Una de sus mejores novelas es El árbol de la ciencia, en la que se describen las tribulaciones del joven Andrés Hurtado, como el mismo Baroja, también un médico que se cuestiona no sólo su profesión, sino su lugar en el mundo. Hurtado, como Baroja, ha leído a Kant y a Schopenhauer. He aquí una forma de consolarse con la filosofía de Kant:

"-No; no sólo es absurdo, sino que es práctico. Antes para mí era una gran pena considerar el infinito del espacio; creer el mundo inacabable me producía una gran impresión; pensar que al día siguiente de mi muerte el espacio y el tiempo seguirían existiendo, me entristecía, y eso que consideraba que mi vida no era una cosa envidiable; pero cuando llegué a comprender que la idea del espacio y del tiempo son necesidades de nuestro espíritu, pero que no tienen realidad; cuando me convencí por Kant que el espacio y el tiempo no significan nada; por lo menos que la idea que tenemos de ellos puede no existir fuera de nosotros, me tranquilicé. Para mí es un consuelo pensar que, así como nuestra retina produce los colores, nuestro cerebro produce las ideas de tiempo, de espacio y de causalidad. Acabado nuestro cerebro, se acabó el mundo. Ya no sigue el tiempo, ya no sigue el espacio, ya no hay encadenamiento de causas. Se acabó la comedia, pero definitivamente. Podemos suponer que un espacio y un tiempo sigan para los demás. Pero ¿eso qué importa, si no es el nuestro, que es el único real?"

Pío Baroja, El árbol de la ciencia.


Walker Brothers - The sun ain't gonna shine anymore


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